Thursday, September 29, 2005

Amor e Infancia



Veamos, hoy conversaba con un amigo de estas cosas y decidì que serìa mi primer tema en el blog... una prueba... veamos que sale...
Los niños, desde su nacimiento, establecen relaciones afectivas que imprimen profundas huellas en su memoria y moldean su personalidad. Inocentes y vulnerables, habren su corazón a quienes los cuidan y conforman su entorno, padres, hermanos, abuelos, nanas. Las lágrimas y las risas que dejan estos primeros amores, condicionarán la manera de enfrentar futuras relaciones en aspectos tan variados como la tolerancia al maltrato, la tendencia a la infidelidad, la capacidad de enfrentar conflictos, la disposición al compromiso o la desconfianza al sexo opuesto. La mayoría de las personas desconoce el impacto que las experiencias afectivas de la infancia tienen en sus amores y compromisos como adultos. Creen que el pasado es el pasado, y que nada tiene que ver con sus elecciones y relaciones de pareja del presente. Así, sin darse cuenta cometen los mismos errores, repiten idénticos patrones de conducta con los más diversos enamorados y creen que sus insatisfacciones son producto inevitable del destino.
Todos hemos crecido con padres perfectos e idealizados. Quizás emocional o físicamente ausentes, o demasiado presentes y sobreprotectores, o tristes y abrumados, o exigentes y descalificadores, o demasiado permisivos y consentidores, o explosivos y autoritarios, o débiles y sumisos. Sin quererlo, años más tarde nos sorprendemos enredados en amores que nos hacen revivir sentimientos de la infancia. Si nuestra familia era un caos, es posible que nos enamoremos de personas inestables en lo emocional. O que elijamos parejas trabajólicas y ausentes, si de niños sentimos mucha soledad. O que padres exigentes y perfeccionistas nos vuelvan críticos y descalificadores en nuestras relaciones amorosas. Transformados en actores de una obra de teatro, cuyo guión desconocemos, recreamos una y otra vez dramas grabados a fuego en nuestro inconsciente. Buscamos lo conocido y familiar, sintiéndonos con frecuencia atraídos por situaciones similares a las vividas con anterioridad, al margen de si fueron negativas o positivas. Así, le exigimos a la pareja que nos recree una infancia idílica o le cobramos deudas pendientes con nuestros padres, o imitamos a estos sin darnos cuenta, o repetimos pautas de relación destructivas que nos juramos evitar. Desfasados, intentamos revertir en las relaciones de hoy las heridas o nostalgias que nos dejó la niñez. Solo para quedar de nuevo frustrados, desilusionados o derrotados.
Descubrir las motivaciones ocultas de nuestro actuar, implica revisar detenida y descarnadamente quiénes fueron nuestros padres o sus sustitutos, y cómo fueron sus relaciones afectivas, tanto con nosotros como entre ellos. A la vez, identificar los patrones persistentes, ya sean negativos o ilusorios, que han predominado en nuestros amores; y rescatar de la inocencia a ese huérfano interior que nos lleva a buscar en la pareja el amparo que nos fue negado o nos dió seguridad de niños.
Temores y deseos infantiles distorsionan el rostro y conductas de quienes amamos. Nos desconectan de nuestos verdaderos sentimientos, activando en forma automática circuitos emocionales aprendidos. Sin embargo, lo aprendido puede desaprenderse. Con voluntad y disposición, nunca es tarde para salir al encuentro de los problemas. Pero no hay que descuidarse porque los fantasmas del pasado suelen visitarnos cuando menos los esperamos. Y, por muy grandes que parezcamos, todos llevamos un niño dentro.

1 Comments:

Blogger anibal said...

Hola... bueno este es despues de leerte completa y conocerte un poco... es extraño pero me mato el amor que sientes hacia tu familia, pareces ser una linda chica, espero me disculpes por lo de DICTADORA, era sólo una talla depues de leer tu poema.
Espero nos sigamos leyendo y que tengas un excelente termino de año escolar...

Un beso angelino
Shauu...

22 November, 2005  

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